RÍO DE JANEIRO, 10 jul (IPS) - El
derecho de las mujeres a decidir sobre "cuándo,
dónde, cómo y con quién tener hijos",
afirmado en las conferencias sociales de la ONU de los años
90, sufre la presión concertada de fuerzas conservadoras
en el mundo, que ya provocó retrocesos, denuncia la activista
brasileña Telia Negrão.
Periodista con maestría en ciencia política, Negrão
es la secretaria ejecutiva de la Red Nacional Feminista de Salud,
Derechos Sexuales y Derechos Reproductivos (RFS), creada en
1990 y que articula 266 organizaciones de Brasil en la celebración
este viernes del Día Mundial de Población.
El acto, a realizarse en Brasilia, recuerda en todo el mundo
que hace 40 años otra conferencia internacional de la
ONU (Organización de las Naciones Unidas) reconoció
la planificación familiar como un derecho humano.
Además de la ola conservadora, el síndrome de
inmunodeficiencia adquirida (sida) fue "una desgracia"
que devolvió a la sexualidad una carga negativa de "riesgo,
enfermedad y muerte", destacó Negrão en la
entrevista concedida a IPS.
IPS: --¿Qué se puede celebrar en Brasil en este
Día Mundial de Población?
Telia Negrão: --Desde la Conferencia del Cairo (sobre
Población y Desarrollo en 1994) el tema de población
ganó un nuevo paradigma, se ve como un campo de derechos
para hombres y mujeres, involucrando derechos sexuales y reproductivos,
la posibilidad de vivir la sexualidad con placer y salud, el
ejercicio de la reproducción como se desea, conciente
y planificado.
En Brasil se cuenta con instrumentos importantes, como la ley
de Planificación Familiar de 1996. La Constitución
aprobada en 1988 ya reconocía el derecho a la información
e insumos necesarios.
Debemos hablar de derecho a la planificación reproductiva,
y no familiar, porque no siempre se trata de familia, hay hijos
fuera del matrimonio, de mujeres solas, como ocurre casi siempre
con madres adolescentes.
Contamos con otros documentos fundamentales, con normas para
humanizar el parto, de la gestación al puerperio, y para
el acceso legal al aborto, en casos de violencia sexual y riesgo
de vida. Queremos ampliar ese derecho a casos de fetos con anencefalía
y discutir con la sociedad la interrupción voluntaria
de la gestación como cuestión de salud pública.
--¿Pero todos eses avances no están amenazados
por una ola conservadora?
La ola conservadora es mundial, vinculada a los dos mandatos
del presidente (George W.) Bush, quien redujo la ayuda de Estados
Unidos a programas de población y la condicionó
a la ausencia del aborto y homosexualismo en los proyectos.
Otra acción concertada entre el Vaticano y el nuevo
gobierno italiano propone una moratoria (suspensión del
derecho legal) del aborto, aprovechando el empuje del movimiento
por la moratoria de la pena de muerte.
--¿Y en Brasil también se manifiesta esa corriente
conservadora?
--Hay una oleada de represión a las clínicas
de aborto y sus registros se usan para incriminar mujeres. Fiscales
están procesando mujeres acusadas de practicar aborto
en varios estados brasileños. También la anticoncepción
de emergencia (la llamada píldora del día siguiente)
tiene su distribución pública cuestionada en 29
municipios.
El Congreso Nacional (legislativo) vive un clima conservador.
Diputados presentaron 30 proyectos de ley buscando anular derechos
sexuales y reproductivos. Algunos quieren eliminar las excepciones
que permiten el aborto.
Una de esas iniciativas propone una ayuda a mujeres para que
no interrumpan el embarazo producto de estupro, ya llamada "beca-estupro",
otra quiere poner el aviso "aborto es crimen" en los
envases de leche.
Este parlamento amenaza conquistas de las mujeres, pero no
refleja la opinión de la sociedad, que es mas democrática
y asimiló la idea de derechos, como el de abortar en
casos de violación sexual y riesgos de muerte.
--¿Qué problemas provoca la penalización
del aborto?
--El aborto está entre la segunda y la cuarta causa
de muertes de mujeres, en algunos lugares alcanza el primer
lugar. La ley restrictiva hace que más de un millón
de abortos se hagan en Brasil cada año de forma insegura,
clandestina, causando muerte y cárcel.
--¿En esas condiciones podrá Brasil reducir su
elevada mortalidad materna en la proporción fijada por
los Objetivos de Desarrollo para el Milenio?
--Hay un pacto nacional, entre gobierno y sociedad para cumplir
la meta de reducción de la mortalidad materna y neonatal
en 75 por ciento hasta 2015, pero será difícil
cumplirla.
Es un tema más complejo que la mortalidad infantil,
invisible hasta hace poco tiempo, porque morir en el parto era
considerado normal y aceptable. Pero la ciencia y la Organización
Mundial de la Salud comprobaron que 92 por ciento de esas muertes
son evitables con medidas sanitarias, como capacitación
profesional, acompañamiento prenatal, investigación
de óbitos y creación de comités para tratar
el asunto.
Pero hay otros factores que, si no son afrontados, impiden
la reducción. Es el caso de la violencia doméstica
y suicidios que, sumados constituyen la mayor causa de decesos
en el período de gestación, pero que no entran
en los índices de la materia porque se identifican como
"causas externas".
En Brasil se mata más mujeres embarazadas que las que
mueren de otras causas, exigiendo una fuerte política
de combate contra la violencia familiar.
Además se debe incluir en ese rubro el aborto y los
fallecimientos causados por el sida, ante la feminización
de la epidemia. Hace 10 años había una mujer portadora
del VIH (virus de inmunodeficiencia humana, causantes del sida)
por 17 hombres. Hoy la enfermedad los afecta por igual.
--¿Qué impacto tuvo el VIH en los derechos sexuales?
--Fue una desgracia. Poco más de una década después
que la píldora anticonceptiva hiciera posible separar
sexo y reproducción, como método barato y accesible
y permitiendo a la mujer conquistar más autonomía
sobre su cuerpo, el VIH restableció la visión
del sexo como riesgo y no como placer.
Se volvió a encarar el sexo, no por su aspecto positivo,
sino el negativo, de riesgo, enfermedad y muerte.
El VIH surgió como un mal de homosexuales, dando paso
a programas que no consideraban vulnerables a las mujeres, un
descuido que hizo crecer la epidemia entre ellas. Al aparecer
como "enfermedad que mata" y pandemia consumió
muchos recursos que deberían ser invertidos en salud,
no en enfermedad.
Además diseminó más el uso de condones
que ponen en manos del hombre el control de la sexualidad y
la prevención, sometiendo a las mujeres al riesgo. Ellas
necesitan conquistar control y poder en las relaciones sexuales,
pero como sexo involucra emociones, sentimiento y placer, no
necesariamente la razón, lo cual hace más difícil
enfrentar la epidemia.